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Coyuntura Pyme

Según los datos más recientes del Informe de Competitividad Global (2016-2017), Colombia ocupó el puesto 59 entre 138 naciones en el pilar de sofisticación empresarial, permaneciendo en la misma posición observada un año atrás. Allí las bajas calificaciones en los índices de desarrollo de clusters (3.6/7.0) y sofisticación de los procesos de producción (3.7/7.0) constituyeron grandes impedimentos para mejorar la competitividad de dicho pilar.

 

De manera similar, la naturaleza de la ventaja competitiva (3.3) y la amplitud de la cadena de valor (4.1) limitaron la sofisticación de las empresas. En términos regionales, esos resultados nos dejan distantes de países como México (45) y Chile (56).

 

La sofisticación empresarial a nivel país se encuentra relacionada con la calidad de sus redes globales y la calidad de las operaciones y estrategias de sus empresas. Fuertes redes empresariales, acompañadas de industrias de apoyo, generan interconexiones entre firmas, lo que permite aumentar eficiencias y generar innovaciones en procesos y productos. Asimismo, avanzadas operaciones de las organizaciones a nivel individual (mercadeo, distribución, modernos procesos de producción y elaboración de productos especializados) conducen a que en la economía se generen negocios más sofisticados (Foro Económico Mundial, 2017).

 

La presencia y formación de redes empresariales ha estado fuertemente asociada en la literatura económica con el concepto de capital social organizacional, entendido como la acumulación de recursos en una firma desarrollados a partir de redes con otras personas y organizaciones. Este capital social empresarial es un mecanismo valioso para la generación de crecimiento y desarrollo económico. Por tal motivo, resulta fundamental estudiar el capital social que tienen las pequeñas y medianas empresas de Colombia. Adicionalmente, se vuelve relevante analizar el desempeño reciente que ha tenido este segmento empresarial, para poder entender de una mejor forma el panorama en el que se están desenvolviendo las Pymes a nivel nacional. 

 

En este sentido, el presente artículo ahondará sobre el desempeño reciente de las Pymes de los macrosectores de industria, comercio y servicios, así como sobre sus niveles de capital social de acuerdo con la información que ofrece al respecto la última Gran Encuesta Pyme (GEP) de Anif del primer semestre de 2017 (ver Anif, 2017a). Para ello, dividiremos el artículo en tres secciones. En la primera parte, analizaremos el desempeño reciente del segmento Pyme colombiano. En la segunda sección, procederemos a analizar los beneficios que tiene la formación de capital social empresarial de acuerdo con la literatura académica. Por último, en la tercera sección, estudiaremos el nivel de capital social que tienen los empresarios Pyme del país en los sectores de industria, comercio y servicios.

 

Como veremos, los resultados de la primera lectura de 2017 de la Gran Encuesta Pyme reflejaron un deterioro en la percepción de los empresarios Pyme acerca de la evolución de sus negocios en el segundo semestre de 2016. Por otro lado, los resultados del Informa Global de Competitividad y la GEP en materia de capital social empresarial no son alentadores, pues menos del 12% de los empresarios encuestados tiene relación con gremios, entidades públicas y la academia. Todo ello con el agravante adicional de que los pocos beneficios derivados de estas alianzas no se han encaminado a generar innovación o a conocer e incursionar en nuevos mercados.

 

Desempeño reciente del segmento Pyme colombiano

 

Los resultados de la lectura del primer semestre de 2017 de la GEP reflejaron un deterioro en la percepción de los empresarios Pyme acerca de la evolución de sus negocios y la demanda en el segundo semestre de 2016, principalmente en los sectores de industria y comercio. Por tamaño, tanto las pequeñas como las medianas empresas experimentaron un descenso en sus principales indicadores (aunque las empresas medianas reportaron una tendencia más optimista que sus pares pequeñas). Cabe señalar que estos resultados van en línea con el menor ritmo de crecimiento económico del país, el cual se ubicó en un 2% anual durante el año 2016, frente al 3.1% observado en 2015 y al 4%-4.5% promedio de los años 2010-2014. 

 

Al respecto, la situación económica general de las Pymes industriales presentó un comportamiento menos favorable en el segundo semestre de 2016 al compararlo con lo observado en el segundo semestre de 2015 (ver gráfico 1). El porcentaje de Pymes industriales que reportaron una mejoría en su situación económica general fue del 35% durante el segundo semestre de 2016, menor al observado un año atrás (42%). Al mismo tiempo, la proporción de empresarios industriales insatisfechos con su desempeño alcanzó un 21%, superando en 4 puntos porcentuales la cifra de 2015-II.

 

 

De manera similar, los empresarios comerciales percibieron una leve desmejora de su situación económica general durante el segundo semestre de 2016. De hecho, el 33% de los empresarios del sector comercio reportó una mejoría en su situación actual, mientras que el porcentaje de aquellos que opinaron lo contrario fue del 24%. Esto produjo un balance de respuestas de 9, es decir, 13 puntos por debajo de lo observado en el segundo semestre de 2015.

 

Del mismo modo, la evaluación que hicieron los empresarios Pyme del sector servicios sobre su situación económica general mostró síntomas de desaceleración en el segundo semestre de 2016. Así, el porcentaje de empresarios que vieron mejorar sus negocios llegó al 37% (inferior al 40% de un año atrás), al tiempo que el de quienes indicaron lo contrario alcanzó un 22% (vs. 19% de un año atrás). Lo anterior generó un balance de respuestas de 15 puntos, el cual contrasta con los 21 puntos alcanzados en el segundo semestre de 2015.

 

En consecuencia, la última medición de la GEP evidencia que las Pymes de los sectores de industria, comercio y servicios reportaron un comportamiento menos favorable de su situación, en línea con la de­saceleración económica del país. Ello también se observó en las reducciones del Indicador Pyme Anif (IPA) nacional (resumen del clima económico empresarial) hacia niveles de 61 en el primer trimestre de 2017 (vs. 63 un año atrás), aunque se logró mantener en el rango de “buen” desempeño (ver Anif, 2017b).

 

 

Capital social empresarial y crecimiento económico

 

Las actuales dinámicas de los mercados globalizados hacen que el capital social empresarial juegue un papel clave, el cual proviene de las redes con empresas de su misma industria junto con redes de otras industrias, gremios, la academia y entidades gubernamentales. Este tipo de capital es importante porque contribuye al crecimiento económico regional y dinamiza el desempeño competitivo de las pequeñas y medianas empresas. Por medio de redes, las ventajas competitivas que se desarrollan a nivel empresarial pueden tener influencia en las capacidades productivas de otros negocios y la región, permitiendo la elaboración de productos y/o servicios con mayor valor agregado.

 

De este modo, las redes empresariales constituyen un determinante del aprendizaje y la innovación empresarial. Al respecto, el profesor Porter (1990) señala que las concentraciones geográficas de compañías e instituciones, conectadas entre sí en una zona en particular (clusters), presentan ventajas competitivas al permitir: i) incrementar la productividad (la proximidad geográfica mejora el acceso a la información, tecnologías e instituciones para realizar progresos); ii) facilitar el acceso de proveedores y empleados; iii) generar complementariedades con clientes y otras industrias; y iv) mejorar la innovación en los productos y procesos.

 

Con respecto a este último punto, numerosos estudios han señalado que la correlación entre capital social empresarial e innovación es muy alta. Un gran stock de capital social constituye un facilitador de flujos de información que permite imprimir mejoras en los procesos productivos y facilitar nuevos negocios. Asimismo, este capital social aumenta las habilidades organizacionales para la absorción de nuevas tecnologías y conocimientos (Greve y Salaff, 2001). Por ejemplo, en Silicon Valley existe una gran red de negocios de alta tecnología que interactúan y compiten entre sí. Allí se generan grandes flujos de conocimiento e información que han derivado en que esta red sea el centro líder para la innovación y el desarrollo de alta tecnología a nivel mundial.

 

En consecuencia, resulta significativo analizar los niveles de capital social en el país. Al respecto, el Informe Global de Competitividad, mediante el pilar de sofisticación empresarial, brinda unas aproximaciones. Allí el pilar de desarrollo de clusters de Colombia ocupa el puesto 80 entre 138 países evaluado con un puntaje de 3.6/7, lo que indica que hace falta una mayor construcción de redes empresariales especializadas. De manera similar, en la dimensión de la amplitud de la cadena de valor el país ocupa el puesto 51 (4.1/7), señalando que aún es necesario ampliar la presencia de las compañías más allá de los procesos productivos y de extracción de recursos (hacia la distribución, el mercadeo, el diseño, etc.). Para ello, una mayor construcción de redes empresariales con instituciones públicas y privadas resulta fundamental.

 

 

Capital social en las Pymes de Colombia

 

Con relación al capital social de las Pymes del país, la última medición de la GEP incluyó dos preguntas que permitieran establecer una aproximación del capital social. En primer lugar, se indagó entre los pequeños y medianos empresarios del país si la empresa participaba o estaba asociada localmente con ciertas entidades del sector público y privado (ver gráfico 2). Allí se observó que la mayoría de las empresas estaba vinculada con la Cámara de Comercio (85% en industria-comercio y 86% en servicios).

 

 

Adicionalmente, se evidenció una muy baja participación o asociación de los empresarios colombianos con las instituciones del Estado. En efecto, menos del 6% de los empresarios encuestados manifestó tener un vínculo con la Alcaldía (2% en industria, 5% en comercio y 6% en servicios). Asimismo, menos del 3% de los encuestados señaló tener relación con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y entidades relacionadas o con alguna referencia a entidades del gobierno (2% en industria, 2% en comercio y 3% en servicios). Menor aún fue la conexión de los empresarios Pyme con la Gobernación (1% en industria, comercio y servicios).

 

Con relación a la participación o asociación de los empresarios con los gremios, se observó que también fue baja. Allí tan solo el 9% de los industriales, el 7% de los comerciales y el 11% de los empresarios del sector servicios afirmaron participar de los gremios de su sector. Infortunadamente, la conexión entre los empresarios y las universidades/centros de desarrollo tecnológico/grupos de investigación fue aún peor (1% en industria, 1% en comercio y 3% en servicios).

 

Estos resultados son muy lamentables si se tiene en cuenta la importancia que tiene el capital social empresarial, de acuerdo con lo mencionado en la sección anterior. Tal vez este resultado se encuentre relacionado con los bajos niveles de innovación en el país. Recordemos que, según la última medición del Índice Global de Innovación (GII), Colombia ocupó el puesto 65 (entre 127 países). Allí el país evidenció puntajes muy bajos en los frentes de producción de tecnología y conocimiento (puesto 81) y creación productiva (73), en donde la academia, los gremios y el Estado pueden contribuir activamente en su construcción y desarrollo.  Tristemente, las redes que se tejen a nivel empresarial en las Pymes son muy pocas, limitando los procesos de innovación y el desarrollo económico (ver Anif, 2017c).

 

Por otro lado, en la última GEP también se les preguntó a los empresarios del país cómo consideraban que les beneficiaba la alianza con estas entidades (ver gráfico 3). Se encontró que la mayoría se había visto beneficiado con las capacitaciones de habilidades empresariales y gerenciales (42% en industria, 44% en comercio y 46% en servicios). De igual modo, se observaron beneficios a nivel de firma relacionados con: i) mejorar las relaciones comerciales con pares-establecer alianzas (24% en industria, 21% en comercio y 24% en servicios); y ii) en menor medida, incrementar el nivel de ventas (13% en industria, 11% en comercio y 9% en servicios).

 

 

Con respecto a los beneficios relacionados con la ampliación de mercados, los resultados fueron pobres. Las alianzas con estas entidades públicas y privadas tan solo les sirvieron a menos del 3% de los industriales y el 9% de los comerciales y empresarios del sector servicios para el conocimiento de nuevos proyectos y/o mercados a los cuales poder llevar sus productos. Igualmente, para menos de una décima parte de los encuestados dichas relaciones le sirvieron para incursionar en nuevos mercados (3% en industria, 4% en comercio y 5% en servicios).

 

Al respecto, entidades públicas como Procolombia y los gremios pueden colaborar profundamente en el reconocimiento de nuevos mercados a nivel internacional. Esta articulación público-privada podría impulsar la reducida vocación exportadora de las Pymes del país, donde cerca del 95% de las Pymes de servicios y el 82% de las industriales no exportaron en el segundo semestre de 2016. En efecto, tan solo el 5% de las Pymes industriales, el 3% de las comerciales y el 2% de las de servicios vendieron sus productos en el mercado internacional (ver Anif, 2017d).

 

De manera similar, los beneficios con estas entidades para el desarrollo de nuevos productos o servicios fueron muy precarios (alcanzando porciones de solo el 2% en industria, el 2% en comercio y el 4% en servicios). Esta situación reafirma la baja capacidad que existe en el país para generar innovación, lo cual puede explicar el lento desarrollo productivo del empresariado local y las posibles consecuencias negativas en la competitividad de sus productos.

 

Adicionalmente, se evidenció que la asociación y vinculación de las Pymes con dichas entidades del sector público para lograr representar sus intereses ante el Gobierno Nacional fue reducida (8% en industria, 11% en comercio y 9% en servicios). En consecuencia, surge la inquietud de quién realmente entiende y lucha por los intereses de los empresarios. Ahondar en dicha problemática contribuiría a realizar una eficiente política pública que promueva el desarrollo del empresariado colombiano de acuerdo con sus verdaderas necesidades.

 

Por último, los resultados más recientes de la GEP muestran que los empresarios casi no encontraron beneficios en el acceso a programas de financiamiento o cofinanciación (2% en los tres macrosectores). Este elemento, al igual que los anteriores, resulta preocupante dada la baja inclusión financiera que aún existe en el país. Recordemos que históricamente menos del 50% de los empresarios de la pequeña y mediana empresa accede al sistema financiero formal.

 

Conclusiones

 

Los resultados de la lectura del primer semestre de 2017 de la GEP reflejaron un deterioro en la percepción de los empresarios Pyme acerca de la evolución de sus negocios y la demanda en el segundo semestre de 2016, principalmente en los sectores de industria y comercio.

 

En cuanto al capital social en Colombia, se evidenció que es muy bajo. En efecto, el país ocupa el puesto 80 (entre 138 países) en el desarrollo de clusters y el 51 en la ampliación de la cadena de valor, lo cual indica que aún hace falta profundizar en la creación y desarrollo de redes que permitan a los empresarios compartir información, conocer e incursionar en nuevos mercados, al igual que generar procesos de innovación.

 

De la misma forma, los últimos resultados de la GEP señalan que el capital social empresarial en el segmento Pyme es escaso, evidenciado en reducidas redes de empresarios con gremios, academia e instituciones públicas. Estos aspectos han limitado el desarrollo y crecimiento de este segmento empresarial.

 

Estas cifras exponen una realidad que puede explicar el lento desarrollo productivo del empresariado local y la precaria competitividad de sus productos en los mercados nacional e internacional. Recordemos que por cuenta del fin del auge minero-energético el país ha perdido unos US$30.000 millones en exportaciones (11% del PIB, la mitad frente al pico de US$60.000 millones de 2012). A pesar de ello, la composición de la canasta exportadora sigue estando ampliamente recargada en commodities (62% del total).

En consecuencia, en el marco de las políticas de desarrollo productivo de Colombia, lideradas por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, resultará esencial seguir promoviendo de manera importante la formación de redes empresariales. Ello será crucial si se quiere lograr la optimista meta oficial del Plan Nacional de Desarrollo (PND) de incrementar la productividad del país hasta el 1.2% en 2018 (vs. 0.8% de 2014).

 

Es fundamental trabajar en todo lo anterior sin olvidar la agenda transversal del país tendiente a reducir los sobrecostos estructurales de la economía (el llamado Costo Colombia relacionado con la precaria infraestructura y los elevados costos laborales y energéticos).

 

Bibliografía

 

• Anif (2017a), Gran Encuesta Pyme Anif – Informe de resultados primer semestre de 2017.

• Anif (2017b), “Evolución reciente del segmento Pyme: resultados a nivel nacional de la Gran Encuesta Pyme del primer semestre de 2017”, Actualidad Pyme No. 101 de agosto de 2017.

• Anif (2017c), “Colombia: resultados del Informe de Competitividad Global 2016-2017 y lastres en innovación”, Actualidad Pyme No. 100 de julio de 2017.

• Anif (2017d), “Destinos de las ventas de las Pymes de Colombia en 2016”, Comentario Económico del Día 31 de julio de 2017.

• Foro Económico Mundial (1981), “The 12 Pillars of Competitiveness”, disponible en: http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2014-2015/metho...

• Greve A. y Salaff J. (2001), ‘’The Development of Corporate Social Capital in Complex Innovation Processes’’, en Gabbay S. y Leenders R., “Social Capital of Organizations”, Kidlington Elsevier.

 • Porter M. E. (1990), The Competitive Advantage of Nations. Free Press, New York, 1990 & 1998.

 

 

 

 

PIE DE PÁGINAS

 

* Investigadora económica de Anif. E-mail: [email protected].co

 

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